Oda al tobogán

Elemento vintage de las ciudades el tobogán tiene esencia a un tiempo pasado, cuando el parque era el lugar central de diversión de los pueblos y las ciudades. Hoy están rodeados de elementos diferentes, de materiales diferentes, y muchas veces pierden el protagonismo en favor de otros compañeros más modernos y sofisticados. Sin embargo, para el tobogán, en su simpleza radica su éxito, y sobrevive orgulloso desde las alturas al paso del tiempo.

PARA BAJAR PRIMERO HAY QUE SUBIR

  • Hay dos momentos o acciones bien diferenciadas en el tobogán. Primero hay que subir, por las escaleras, redes, cuerdas o por el mismo tobogán. Para luego lanzarse y deslizar a toda velocidad. Para la mayoría de los niños es esta segunda la parte importante, y la que disfrutan y provoca risas y alboroto. Sin embargo os voy a hablar del momento de la subida, que creo que esconde varios aspectos muy valiosos que pueden beneficiar al desarrollo de los niños.

Aprendizaje motriz: para subir al tobogán puede haber escaleras (en el mejor de los casos), peldaños, cuerdas, etc… Los retos para los niños pequeños que empiezan a interesarse en el tobogán son importantes. Muchas veces van más allá de sus propias capacidades, y otras veces están justo en ese límite, donde cada vez que lo repiten lo van haciendo mejor. Este tipo de actividad ayuda al desarrollo psicomotriz del niño y podemos aprovecharnos de ello. Es una herramienta que los estimula a ir superando sus propios límites, dentro de un entorno (más o menos) seguro.

POR FAVOR ESPERE SU TURNO

  • Esperar y Compartir: Otro de los elementos clave del tobogán es que los niños han de interactuar y compartir ese instrumento de disfrute con otros niños, que también quieren divertirse igual que ellos. En la cola para subir al tobogán se suele dar una mescolanza de niños muy interesante, de edades, habilidades y velocidades muy diferentes. Y cada uno debe respetar su turno y esperar que el niño de delante termine para poder proceder a deslizarse.
  • En esta subida al tobogán los pequeños también han de compartir el espacio físico con otros niños. El niño de atrás sube más rápido y te empuja, el de delante se queda parado y no se quiere tirar, hay uno que se tira mientras te estás levantando y te da con los pies, etc… Hay mucho contacto físico entre los niños, en un entorno no controlado y con otros niños a los que no conocen. Este tipo de interacción es muy beneficiosa para los niños ya que les permite ir adquiriendo herramientas para la interacción social, como respetar el espacio vital de los otros, ser consciente del suyo propio, y para la auto-regulación también, como la capacidad de retrasar la gratificación y la tolerancia a la frustración.

El tobogán también tiene muchas cosas que enseñarnos a los adultos. A desarrollar la paciencia, la tolerancia, a aprender como interactuar con otros niños (y otros padres) en presencia de nuestros hijos, a gestionar conflictos, resolver situaciones, y para mi lo más importante; a DESCONECTAR. Sirve como elemento para bajar una marcha en nuestro ritmo diario (enlace a mi web, vídeo de “todos tenemos problemas”), a apreciar algo que se repite una y otra vez delante de nuestros ojos, pero que cada vez tiene un matiz diferente, a disfrutar de un momento de calidad con nuestros niños y dejar a un lado lo demás.

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